Posteado por: wilcoclub | noviembre 16, 2007

Crónica de Wilco en Bilbao

NAVAL 85 REVISITED por Joserra Rodrigo.

WILCO-10-NOV-2007-PALACIO EUSKALDUNA, BILBAO

wilco-bcn02.jpg

Como si de una larga mecha se tratara, se mantuvo la distancia entre el grupo de Chicago y el fervoroso patio de butacas.
El foso de la orquesta era como un muro, un tanto extraño en un concierto de rock. Es lo que tiene llevarlo a los altares. Ya le ocurrió a Costello.
Recuperando el solar su sentido por un par de horas, aquello volvió a ser la Naval en los años en que se desmanteló.
Tendrían que habernos facilitado gafas y casco protector ante tanto destello y esquirla volando pero los oídos …ni tocarlos.
Y no solo se recuperó el sentido industrial de la nave por ese divino ruido sino la sensación de tensión de aquellos primeros ochenta, donde se defendían los puestos de trabajo a golpe de tuerca lanzada con tirachinas.
O por lo menos lo sentí en esas ensoñaciones que te produce la belleza mayúscula.
Los ahora bien acomodados villanos todavía reaccionamos cuando se nos provoca. No estamos tan aletargados como pensaba.
Las chispas fueron, poco a poco, quemando la mecha y al final todo estuvo a punto de estallar por el bendito clímax de una perfecta comunicación banda-fans.
Wilco es un grupo espectacular en el sentido de unos Beatles.
Wilco ya es por derecho propio de lo mejor que ha parido la Historia del Rock & Roll.
Es un tarro de esencias, como todos los grandes, pero han conseguido su propio olor. Además deconstruyen, practican la nueva cocina desde su cumbre “Yankee Hotel Foxtrot” y son modernos en el sentido más hermoso y bello de la palabra.
No merece la pena pararse en alguna canción especial del setlist porque todo lo guisaron a la perfección pero destacar que el primer tema (rescate de su época pre-pelotazo) era como estar en 1966 en el Royal Albert Hall de Londres escuchando “Visions of Johanna” del judío de Minnessotta.
Un par de notas de harmónica Honner Marine Band, un “do” tocado con una preciosa guitarra Martín y la voz de ángel del líder de la banda , Jeff Tweedy ( vocalmente hijo putativo de John Lennon y Bob Dylan ) y todos a una, gritando y en ruta , totalmente escalofriados, en un viaje de montaña rusa para recordar.
Un cuidado y austero planteamiento escénico, unas luces adecuadas que actuaban como ametralladoras contra el respetable cuando la intensidad lo requería, generaron poco a poco una especie de rebelión y de regresión.
Es decir, aunque su música sea digna de Sala del Guggenheim no deja de ser solo rock and roll y chico, el Euskalduna no es más que una setentona “Cafetería California” hecha Auditorio. Y la gente vibraba y quería moverse y quería demostrar su agradecimiento (uno gritó “thanks for coming”) ante tan bellas canciones y tan impecables ejecuciones y se sentía presa en sus butacas. Una sensación curiosa, difícil de describir.
¿Que qué vimos? Cada uno sus propios fantasmas.
En concreto y depende de los temas y fases de los mismos pude ver momentos cruciales: Grateful Dead en el Fillmore de San Francisco año 1971, Televisión en el Marquee año 1977 (grandioso guitarrista Nels Cline), John Lennon en la azotea de los estudios de Abbey Road en la presentación de “Let it Be” de unos Beatles post-mortem, los Kinks denostados de los setenta época “Low Budget”, la Velvet final de ”Loaded”, estribillos dignos de Arthur Lee de Love, mucho, mucho Bobby (concretamente “Basement Tapes”), los Byrds de “Five Dimensión”, mucha antología del Folk Harry Smith, bandas de la California más canalla, el grupo de Nueva Jersey Suicide, hasta un poco de Kraftwerk…yo que se…tantas y tantas cosas buenas…
Pero siempre con regusto Wilco porque Wilco rendirá pleitesía a sus héroes pero Wilco es Wilco cien por cien.
Mención aparte merece lo que parecía una Feria del Instrumento-Herramienta. Que orgía de material vintage para sonidos actuales, que locura de guitarras de todos los tipos, que seis pedazo de músicos y que compenetración entre ellos.
Y al final no estalló la revolución porque Dios no quiso. Varios jóvenes que no saben de fosos de opera y que bajaron raudos de sus localidades más baratas ante el último trance eléctrico rockero que fue “Spiders” (no ves, ya he tenido que citar un tema) se acercaron como locos al escenario y Wilco les jaleó y el público también. Porque seamos sinceros, a todos nos hubiera gustado bajar.
Y los seguratas ahí, echándoles del “Auditorium California” de la Diputación que es un bien público a cuidar y además tiene unos horarios que los artistas tienen que respetar.
Y volví a soñar con Altamont y los Stones y el halo mítico que tiene esta música que es nuestra pasión, pero he de precisar, todo fue un leve conato. No llegó la sangre al foso.
Los bilbainitos que somos industriales mal que nos pese, reconocemos el ritmo de las máquinas y la electricidad. Y nos pone un montón.
Y somos agradecidos y se dieron cuenta…y los aplausos fueron especialmente sinceros, fuertes, cálidos, recíprocos.
Wilco, como aquellos obreros de la Naval… vaya que si defendieron también su puesto.
Joserra Rodrigo.

Puedes escuchar el programa de radio de Joserra en Radio Euskadi especial Wilco y descargártelo en el siguiente link 

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Responses

  1. Muy buena crónica. Veo que a todos nos costó lo mismo quedarnos en las butacas 🙂


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